Unchosen
Una investigación de judíos hasídicos
Reporte de Alberto Estúa Zardain
Unchosen es un libro de la investigadora Hella Winston, quien se interesó en diversas historias de judíos hasidicos y realizó una serie de entrevistas y una profunda investigación para su tesis doctoral en sociología. En este libro relata diversas historias de hasidicos rebeldes y lo que implica revelarse al sistema de una comunidad que funciona como un reloj y que tiene prevista la permanencia de sus miembros. No hay escapatoria fácil.
Relata varias historias, pero la que más llama la atención es la historia de Yosi.
Este texto sólo pretende ser un reporte de esta investigación que me impresionó y conmovió al visitar la comunidad de Williamsburg, en Broklyn y mi principal inquietud es que se conozca este grupo y sus particularidades.
Yosi es un judío hasidico que se casa muy jóven con una mujer de su comunidad, con la ilusión de, como todo los judíos hasidicos, librarse un poco de la presión de sus padres y vivir de acuerdo con los preceptos que establece la comunidad, pero con algunas normas que a escondidas de los hijos se pueden relajar.
Vale la pena hablar de las costumbres de los judíos hasidicos y de algunas de las normas que se establecen para los que se casan:
Deben de llegar vírgenes al matrimonio. Duarte toda su niñez y adolescencia, los niños van a escuelas de sólo de hombres (las niñas a escuelas de mujeres). No conviven nunca con el sexo opuesto, pues todas las actividades familiares, sociales y religiosas se realizan por separado hombres y mujeres. Las fiestas, en el templo, en la escuale, siempre estarán separados, por lo que sus habilidades con el sexo opuesto no están nada desarrolladas cuando llegan al matrimonio. Los hombres son instruidos sólo en asuntos que tienen que ver con la religión y el estudio de la misma. Son doctos en todos esos temas. Además estudian yidish y toda su vida es en ese idioma. No estudian matemáticas, ni historia de EU. En la escuela nunca reciben ningún tipo de instrucción sexual.
Los padres de los jovenes hablan con una casamentera que es quien tiene información de todas las familias de la comunidad y se encarga de establecer un “match”, es decir, que trabaja una unión que beneficie a ambas familias; que una a dos jóvenes afines y que se preserve a través de la procreación de muchos hijos, la comunidad y la fortalezca.
Los jóvenes, muy poco antes de casarse reciben un entrenamiento básico sobre lo que es el acto sexual. De ahora en adelante se tendrán que acostumbrar a dormir en una habitación con dos camas gemelas. En caso de que el hombre quiera tener sexo con su mujer, pondrá una sabana de un color especial y eso le informará a su esposa que él está de humor para el sexo. Por supuesto, tendrán sexo kosher con la sábana perforada que se utiliza para la ocasión.
La televisión sigue prohibida siempre, lo mismo que la radio. Sólo pueden leer libros de religión o autorizados. Las novelas, los periódicos, las revistas y el cine están prohibidos.
La mujer se rapa la cabellera y se la ofrece al marido. En cambio comprará una peluca y la utilizará todo el tiempo. Si sale a la calle tendrá que ir con la peluca y la cabeza cubierta.
Estas son sólo algunas de las convenciones entre los casados.
A Yosi le armaron un “match” y conoció a su futura mujer tan sólo unos días antes de su boda. Él esperaba que fuera una mujer como él, un poco relajada con la religión aunque siguiera todos los preceptos. En muchos de los judíos hasidicos se hacen acuerdo entre los nuevos esposos de escaparse en secreto a a Manhatan al cine y no contárselo a sus hijos ni a nadie. EL caso de su mujer no fue así. No había entendimiento y Yosi se mantenía totalmente ausente. Llegaba muy tarde, se iba con amigos. Las cosas empeoraron y su mujer lo dejó cuando Yosi decidió comprar una televisión. Ahora Yosi sería un hombre divorciado con menos posibilidades de contraer un matrimonio adecuado. Sólo habrìa para él divorciadas o mujeres mayores que por alguna situación familiar no pudieron contraer matrimonio jóvenes.
Yosi había hecho contacto con un grupo de judíos seculares que tenían algún conocimiento del idioma yidish y al conocer a un judío hasidico como Yosi, se les despertó curiosidad. Yosi tradujo algunas cartas antiguas del abuelo de alguno de estas personas yasí fue como lo invitaron a la fiesta, para que el grupo completo lo conociera. Querían que Yosi les hablara sobre su comunidad y sus exéntricas costumbres.
Yosi fue invitado a una reunión de este grupo y decidió ir a Manhatan.
Estaba harto de su comunidad, de las restricciones, y de la reduccionista monotemática de su grupo social y religioso, así que decidió ir a la fiesta. Para ello se rasuró la barba y los peyos (los caireles que usan estos judíos por obligación).
Se presentó a la fiesta con la fantasía de que alguno de ellos lo ayudaría a dejar su comunidad y buscarle un trabajo. Pero Yosi no sabía hacer nada más que dar clases de religión. Nunca había trabajado en nada, más que en una tienda de electrónicos de un familiar de su ex esposa. Sólo pasaba las tarjetas de crédito de los clientes sin tener contacto con ellos. Al terminar el matrimonio, se terminó también el trabajo. No hablaba bien el ingles, así que las posibilidades de un trabajo no eran muy alentadoras, pero él no lo sabía. Pensaba que lo ayudarían. Cuando Yosi se presentó en la fiesta rasurado, sin la barba y sin los peyos, casi ni lo reconocieron y ya no lo encontraron tan atractivo, como antes. Aún así se interesaron al que les hablara en yidish y les hablara de su comunidad. Le pidieron que algún día los llevara a Williansburg y se despidieron de él. Yosi regresó a su comunidad de noche con temor a ser visto. Al llegar a su casa y encontrarse con su hermana, esta se impactó y lloró al verlo rasurado y sin los peyos. Pensó que esto lo hacía un rebelde, un renegado. Por esta acción ella no se haría acredora a un buen partido y no sería elegida por ninguna casamentera para un "mmatch". Yosí pensó que podría permanecer una semana en casa mientras los peyos y la barba crecerían hasta lograr su largo anterior. Como nunca se había rasurado pensó que al cabo de de una semana lo lograría. Esto no fue así. Una semana después la barba apenas había crecido para darle un color oscuro a la cara, pero no medía ni un centímetro de largo y los peyos ni siquiera se dibujaban.
El padre de Yosi le llamó y lo reprendió. Nadie le hablaba ya y al verlo en la calle con su nuevo aspecto era un rebelde que causaba repugnancia. Ya nadie le hablaba.
Estaba triste y perdido.
A través de Internet contactó a un hombre que era un judío hasidico que organizaba fiestas en su casa, Avi era su nombre. En su casa veían películas y se reunían de alguna manera clandestina, otros judíos hasidicos, que no deseaban abandonar la comunidad, pero que cuando necesitaban un momento de descanso, recurrían a estas reuniones y se relajaban por un rato.
Yosi acudió y se sintió liberado.
Yosi consiguió un trabajo que consiguió con una familia de judíos seculares, para que les eneseñara a los chicos de una casa, religión y yidish. Esta familia veía en Yosi a un judío muy ortodoxo (aún cuando ya no tuviera peyos ni barba) para que fuera un ejemplo y un buen maestro para sus hijos. Ya que su comunidad lo rechazaba, este trabajo le resolvería al menos las necesidades básicas.
Yosi vivía con su abuela, que era una judía que había nacido en una comunidad muy diferente
Los judíos que llegaron a Nueva York con la segunda guerra, llegaron como ortodoxos, pero al cabo de unos años fueron relajando las reglas y las costumbres. Tuvieron hijos y fueron estos hijos que quisieron volver s u identidad judía, haciéndose muy rígidos y ortodoxos y tomaron las costumbres de los judíos hasidicos del este de europa. Así es como se fundaron las comunidades de Williamsburg y de Boro Park. Tomaron las costumbres y las normas de estos judíos, con una reinterpretación del Talmud, con normas mucho más estrictas y rígidas. La abuela de Yosi había sido muy relajada y educó a sus hijos en el judaísmo secular. Yosi recuerda de niño que podía ver la tele en casa de su abuela a escondidas de su padres. Cuando sus padres lo llevaban a ver a su abuela, ellos debían de llevar su comida, pues la abuela no comía comida kosher.
Yosi vivía con su abuela ahora. Ella le dejaba ver toda la tele que él quisiera y le daba algo de dinero para sus transportes.
Yosi acudía las fiestas de Avi y conocía más gente, pero eran judíos que no podían dejar su comunidad. De ella recibían sustento, les daban trabajo y todo lo que necesitaran para ellos y su familia. Estos judíos abducidos por el sistema, en donde no pueden trabajar, la comunidad les paga sus gastos y con muchos hijos que mantener y colocar con buenos partidos. Yosi se dio cuenta que no sería nada fácil dejar su comunidad
Yosi no tenía la más mínima intención de volver su comunidad, pero no podía por el momento hacer nada y como los conocidos en la fiesta de Avi, no tuvo más remedio que seguir fingiendo
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CONTINUARÁ

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