Tal como me lo había prometido, el día de ayer me presenté a votar, pero lo hice en mi carácter de licántropo. No es que yo quisiera, pero fue inevitable. La realidad es que me sucedió. Toda la semana estuve pensando que debería acudir a las urnas y hacer efectivo ese derecho.
Al levantarme por la mañana, me sucedió como tantas otras veces e inesperadamente: dolor intenso en las falanges de mis dedos, como si se me fueran a romper los huesos. Mis pies rígidos. El crecimiento de mis manos, el alargamiento de mis brazos y ese doblez tan molesto que curvea hacia adentro mis rodillas, para quedar con una rotación invertida, y que estoy seguro es lo más doloroso del proceso; aunado a la metamorfosis de mi mándibula. No sé porque no puedo gritar cuando esto me sucede. es como si me desdoblara y se me voltearan todos los órganos como una bolsa de plástico al revés.
La gente atemorizada huyó despavorida y dejó la casilla vacía. Ya no era tan temprano y si no votaba, cerrarían las urnas y me quedaría sin votar. Así que tomé mi papeleta y la crucé toda, para anular mi voto.
Cuento (mas o menos corto) by Alberto Estúa Zardain.
ABRIL 2011

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